
Hay peloteros que regresan de una lesión. Y hay otros que, cuando vuelven, hacen que el béisbol respire distinto. Ronald Acuña Jr. pertenece a ese segundo grupo. Porque cuando «El Abusador» pisa una caja de bateo, no importa demasiado cuánto tiempo haya estado fuera, cuántas dudas hayan existido alrededor de su físico o cuántas veces se haya hablado de aquel Ronald de 2023. Siempre queda la sensación de que algo puede ocurrir.
Y quizás eso sea lo más importante de esta temporada. Acuña no necesitaba regresar para demostrar que puede ser un fenómeno. Eso ya lo había hecho. Lo que necesitaba era volver a sentirse pelotero. Volver a jugar. Volver a batear. Volver a correr. Volver a patrullar los jardines. Volver a aparecer todos los días en una alineación de Grandes Ligas. Y lo está haciendo.
Los números cuentan parte de la historia: 99 hits, 59 carreras anotadas, 19 jonrones y 51 carreras impulsadas, además de 20 bases robadas en el corte del 18 de septiembre. Son cifras que, puestas sobre una mesa, describen una temporada ofensiva productiva. Pero con Acuña las estadísticas siempre parecen quedarse cortas, porque detrás de cada número existe una expectativa distinta. Cuando conecta un hit, no se siente como un hit cualquiera. Cuando corre, el estadio mira. Cuando se para en el plato, existe la sensación de que el próximo lanzamiento puede terminar contra las gradas.
Y septiembre ha sido especialmente suyo. Batea .328 en el mes, con seis cuadrangulares, 15 carreras impulsadas y un OPS superior a 1.000. Es como si, mientras la temporada se acerca a su final, Acuña estuviera recordándole a todos que todavía tiene capítulos por escribir. No es aquel jugador de 2023 y quizá no tenga sentido exigirle que vuelva a serlo, pero sí es un jugador capaz de cambiar un partido con un swing.
Los 19 jonrones hablan de poder. Las 51 impulsadas hablan de producción. Las 59 carreras anotadas hablan de su capacidad para convertirse nuevamente en parte importante del tránsito ofensivo de Atlanta. Y los 20 robos dicen que todavía existe velocidad en esas piernas. Pero los 99 hits quizás sean uno de los datos que más me gustan de esta temporada: son 99 recordatorios de que Acuña volvió a construir una campaña, turno a turno, juego a juego, sin necesidad de vivir permanentemente de la nostalgia.
La defensa
Su trabajo defensivo no ha sido perfecto. De hecho, las métricas de Statcast lo sitúan en -8 Outs Above Average, por lo que sería incorrecto pintar una temporada defensiva de élite. Pero también sería injusto reducir su regreso a una sola métrica. Ha vuelto a jugar regularmente en el jardín derecho, a perseguir batazos, a lanzar hacia las bases y a asumir nuevamente la rutina física que exige una temporada de Grandes Ligas. Después de todo lo que ha atravesado, cada día en el terreno también forma parte de su reconstrucción como pelotero.
La temporada del 40-70 vs hoy
Acuña ya nos enseñó lo que ocurre cuando todo funciona al máximo. En 2023 produjo una de las temporadas ofensivas más extraordinarias que haya firmado un venezolano en las Grandes Ligas: 41 jonrones, 106 carreras impulsadas, 149 carreras anotadas, 217 hits y 73 bases robadas. Fue una barbaridad. Una temporada que parecía salida de un videojuego.
Por eso compararlo constantemente con aquel jugador puede convertirse en una trampa. Ronald Acuña Jr. no tiene que vivir condenado a repetir 2023, Tiene que poder construir su propia historia después de 2023bY eso es exactamente lo que está haciendo.
Quizás el béisbol venezolano se acostumbró demasiado rápido a verlo hacer cosas extraordinarias. Nos acostumbramos a los batazos de 450 pies, a las carreras imposibles, a los robos de base, a los gestos después de los jonrones y a esa manera tan particular de jugar como si el terreno fuera demasiado pequeño para él. Por eso, cuando las lesiones aparecieron, la conversación comenzó a girar alrededor de lo que podía perderse.
Porque Acuña está aquí, Está bateando, Está anotando, Está impulsando carreras. Está conectando jonrones, Está robando bases. Está jugando en los jardines. Y sobre todo, está acumulando días de Grandes Ligas.
Quizás eso sea lo que realmente debemos valorar de esta temporada.
No preguntarnos constantemente cuándo volverá a ser el Acuña de 2023, sino disfrutar al Acuña de 2026. Porque aquel Ronald ya pertenece a la historia. Este está escribiendo una nueva página.
Y si algo nos enseñó Ronald Acuña Jr. desde que apareció en las Grandes Ligas, es que nunca conviene escribir su última página demasiado temprano.
El Abusador volvió. Y mientras siga entrando al terreno con ese número 13 en la espalda, siempre habrá una razón para mirar el próximo turno.