
Justin Verlander lanzó este sábado por última vez en las Grandes Ligas. A sus 43 años, el derecho de los Tigres de Detroit puso punto final a una carrera de 21 temporadas que comenzó en 2005 y que lo llevó a convertirse en uno de los lanzadores más dominantes, longevos y reconocibles de su generación. Su despedida llegó en Comerica Park, el mismo escenario donde construyó buena parte de su leyenda y donde finalmente pudo cerrar el círculo que comenzó cuando Detroit lo seleccionó con el segundo turno del Draft de 2004.
Verlander se marcha con 266 victorias, 159 derrotas, 3.33 de efectividad y 3.575 innings lanzados, además de 3.555 ponches, una cifra que lo coloca entre los ocho mayores ponchadores de todos los tiempos en las Grandes Ligas. Su última presentación agregó 5.1 entradas, cinco hits, dos carreras limpias, un boleto y seis ponches a una hoja estadística que ya era histórica. También terminó con 557 aperturas, una de las cantidades más impresionantes para un abridor en una época en la que cada vez es menos frecuente que los pitchers permanezcan tanto tiempo en la rotación.
Pero reducir a Verlander a sus números sería quedarse corto. Ganó el Novato del Año de la Liga Americana en 2006, fue seleccionado 10 veces al Juego de Estrellas, conquistó tres premios Cy Young y en 2011 consiguió una de las temporadas individuales más extraordinarias que se recuerden para un lanzador: terminó 24-5, con 2.40 de efectividad y 250 ponches en 251 entradas, ganó la Triple Corona de pitcheo de la Liga Americana y fue elegido MVP. Aquel año no solamente confirmó que Detroit tenía a su as; convirtió a Verlander en una superestrella del béisbol estadounidense.
Su dominio también quedó grabado en la historia de los no-hitters. Verlander lanzó tres en su carrera: contra Milwaukee en 2007, contra Toronto en 2011 y contra Toronto nuevamente en 2019, cuando ya vestía el uniforme de los Astros de Houston. Es apenas uno de seis lanzadores en la historia de las Grandes Ligas que han conseguido tres o más juegos sin hits ni carreras, una muestra más de la dimensión de su carrera.
Y después de más de una década como símbolo de Detroit, llegó Houston. En 2017, los Astros lo adquirieron en la fecha límite de cambios y Verlander respondió inmediatamente: registró una efectividad de 1.06 en sus primeras cinco aperturas con Houston y posteriormente fue nombrado MVP de la Serie de Campeonato de la Liga Americana. Ese mismo año consiguió el primer campeonato de su carrera. En 2022 volvió a levantar el trofeo de la Serie Mundial y, a los 39 años, completó una temporada extraordinaria de 18-4 y 1.75 de efectividad, suficiente para conquistar su tercer Cy Young.
Su longevidad resulta todavía más impresionante cuando se revisa el contexto. Verlander acumuló 12 temporadas de al menos 200 innings en un período de 13 años, entre 2007 y 2019, y consiguió nueve temporadas con 200 o más ponches, incluyendo aquella monstruosa campaña de 2019 en la que llegó a 300. Ganó 20 partidos o más en dos ocasiones y fue capaz de mantenerse en la élite incluso después de superar los 35 años, algo que terminó convirtiéndose en una de las principales características de su carrera.
También hubo capítulos menos perfectos. Pasó por lesiones, una cirugía Tommy John que lo obligó a perderse prácticamente toda la temporada 2021 y etapas complicadas con los Mets y los Giants. Sin embargo, su carrera nunca quedó definida por sus momentos de dificultad. Después de aquella cirugía regresó en 2022 y produjo una de las mejores temporadas de su trayectoria, demostrando que su capacidad para reinventarse era tan importante como su recta, su curva o su slider. Más tarde pasó por Nueva York y San Francisco antes de regresar a Detroit en 2026 para vestir nuevamente el uniforme con el que comenzó todo.
El legado de Verlander también está en la cantidad de generaciones que atravesó. Debutó cuando todavía jugaban figuras como Barry Bonds, Randy Johnson y Roger Clemens, compartió época con Miguel Cabrera, Max Scherzer y Clayton Kershaw, y terminó lanzándole a jugadores que ni siquiera habían nacido cuando fue seleccionado por Detroit. En una carrera que atravesó cuatro organizaciones —Tigres, Astros, Mets y Gigantes— acumuló 82.3 de bWAR, cifra que lo coloca entre los mejores lanzadores de la historia moderna según Baseball-Reference.
Ahora sí, se acabó. El hombre que durante dos décadas hizo de la longevidad una forma de dominio dejó la pelota por última vez. Verlander se retira como campeón de Serie Mundial, MVP, Novato del Año, tres veces ganador del Cy Young, MVP de la Liga Americana, diez veces All-Star, autor de tres no-hitters y miembro del club de los 3.500 ponches. Más allá de cualquier debate sobre dónde ubicarlo entre los grandes lanzadores de todos los tiempos, hay algo que sus números difícilmente permiten discutir: Justin Verlander fue una de las grandes figuras del montículo en el siglo XXI y deja una carrera que, tarde o temprano, terminará siendo reconocida en Cooperstown.